Sobre nosotros

Todo empezó con un montón de piedras haciendo de pared torcida en un pajar centenario. Ese fue el origen de este alojamiento rural en Aoslos, un pueblo pequeño en la Sierra Norte de Madrid. Yo nunca pensé que acabaría contando esta historia (no estaba en mi “visión vital”, la verdad), pero aquí estoy, escribiendo sobre nosotros.

Lo dicho: esa pared, esa maldita pared torcida, no dejaba cambiar el tejado, que estaba hecho un cuadro. El emprendedor número uno de la familia, mi marido, soltó: «tiramos el pajar y hacemos una casa rural». La emprendedora número dos, mi madre, remató: «qué buena idea». Y la pringada principal de los tres, o sea yo, que muy digna dije «me niego a construir nada», terminó haciendo papeles, permisos y lidiando con la obra.

Construir una casa es, oficialmente, un rollo monumental. Yo, como buena Aries, he tenido el cortisol a tope… muchas veces, dejémoslo ahí. Ha sido un tira y afloja constante con el proyecto: días de amor loco y días de “esto está maldito” y “¿quién me mandaría a mí?”.

Al final la casa se terminó… y yo me quedé sin batería. No fue hasta que un hombre del pueblo me dijo que yo era “muy de raíces” que caí en que soy hija, nieta, bisnieta… de aosleñas, y con esta casa tenía la oportunidad de enseñar a quien venga todo lo que ofrece un pueblo pequeño de montaña. Ahí empecé a reenamorarme del proyecto.

Pajar

Pensamos esta casa como

Un lugar donde celebrar el futuro para honrar el pasado.

De ahí el nombre: CAOSLOS.

Viene del término celta coslo, que significa «avellano», y que deriva en formas como caoslo o aoslo, con el sentido de «lugar de avellanos».

Traducido: No tenemos que olvidar de dónde venimos… pero sí mirar al futuro para disfrutar del presente. ¡Ale!

Esta casa está pensada para que estés a gusto de verdad. Queremos que vengas a parar. A mirar la sierra desde la terraza sin cobertura emocional. A escuchar el silencio y recordar cómo se respira sin prisa. A moverte por la montaña, en bici o andando, sin miedo a que te pite un coche cada dos minutos. A mirar lejos sin encontrarte un bloque de pisos de frente. A que tus hijos desfoguen. A valorar el entorno rural, las raíces y las piedras en todas sus formas y usos.

Ojalá todo esto te resuene un poco y pronto nos podamos saludar en Aoslos.

Por cierto, después de todo el proceso sigo casada con mi marido (aunque le guardo un pelín de rencor por sus “brillantes ideas”), me sigo hablando con mi madre… y en medio de todo esto llegó una peque, que también ha sobrevivido a la obra, así que se ha ganado estar en esta historia.

Leticia

¡A menos de una hora de Madrid!

¿Cómo llegar?

En coche: N-1, Kilómetro 83

Mapa Madrid Aoslos